Cuando pensé en escribir esto, quería orientarlo hacia la dificultad para comprometerse de algunas personas, que se esconde tras las consecutivas “conquistas” por aplicaciones como Tinder, pero me di cuenta que el “síndrome Tinder” tiene muchas más aristas. Las redes sociales y la tecnología han influido en el crecimiento exponencial del “amor online” en los últimos años. Este fenómeno es llamativo, ya que las personas que se conocen online en la vida real quizás nunca se hubiesen podido encontrar de otra forma. O quizás nunca se hubiesen atrevido a hablar. Tal vez no se interesaría el uno en el otro en una situación más cotidiana.

El fenómeno del “amor online” en ocasiones, podría estar asociado a que las relaciones sean más pasajeras y menos profundas. Esto me ha llamado particularmente la atención en el último tiempo y es lo que describo aquí, como el “síndrome de Tinder”.

El “síndrome de Tinder” se refiere por tanto, al uso excesivo de dicha aplicación para tener citas y encontrar pareja. Si bien el uso de aplicaciones como esta, puede ayudar y ha sido un gran descubrimiento para much@s, también su uso desmedido puede crear una sensación de urgencia o rapidez en las relaciones. El uso excesivo de Tinder también podría tener consecuencias como la imposibilidad de centrarse sólo en una persona y la inmediatez de querer llegar a “algo más”. Justamente esta especie de catálogo virtual, fácilmente accesible podría hacer que las relaciones se superficialicen y las personas se perciban como una especie de producto. En esta lógica de mercado, si no te muestras “llamativ@”, poc@s se fijaran en ti.

¿Puede ser “Tinder” una especie de trampa?

Tinder puede atrapar y transformarse en algo adictivo. Al principio tener una gran variedad para “escoger” y tantas posibles personas interesadas puede ser muy tentador. También puede aportar un efecto momentáneo de autovalía centrada en una evaluación solo externa de desconocidos o incluso puede ser utilizado para tener un “golpe al ego” cuando no se está pasando por un buen momento.

Al respecto, existe evidencia que el uso de Tinder y la autoestima están relacionados. Específicamente, los hombres que usan la aplicación para relacionarse tendrían menores niveles de autoestima y, tanto los hombres como las mujeres que lo usan, evaluarían más negativamente su propio aspecto físico. También quienes usan Tinder serían más introvertidos, tímidos, tendrían más tendencia a compararse con otros y le darían más importancia a lo físico o externo (Strubel y Petrie, 2017).

A la larga, el uso constante de Tinder podría crear una sensación de falso autoconocimiento y de ser “desechable” en las relaciones sociales. A su vez, que las personas son fácilmente reemplazables y que “siempre se puede optar a algo mejor” en el siguiente match. Sin embargo, una de las consecuencias a largo plazo podría ser una inhibición para hablar de lo emocional con las parejas y sólo tener motivación para saltar por constantes relaciones superficiales. ¿Puede ser adictivo esto también? Seguramente sí, puesto que siempre las primeras conversaciones o citas son las mejores, así que quizás el ir de primeras citas siempre o de comienzo en comienzo podría mantener a algunas personas en un estado de mayor alegría o felicidad, (“la química del amor”), donde hormonas como la oxitocina y la dopamina –entre otras-, se ven involucradas.

Finalmente, podría ser que el síndrome de Tinder también se nutre de quienes tienen fobia al compromiso. Es decir, personas que constantemente están saliendo de relaciones y que no profundizan en éstas, que no llegan a una mayor intimidad emocional. Personas renuentes al compromiso que tienden a mantener relaciones cortas o casuales, que sobredimensionan los problemas de sus parejas, como una justificación para cortar el vínculo rápidamente.

Sin duda, este pequeño artículo deja muchos aspectos fuera y genera otras reflexiones que pudieran ser profundizadas. Sin embargo, parece ser que el uso excesivo de estas aplicaciones puede estar asociado a problemas más profundos en algunos casos. Si deseas hablar más del tema o deseas consultar por algo asociado a esto, no dudes en escribirme a consultas@psicologia-online.cl.

© Dra. Zayra Antúnez
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Referencia:

Strubel, J., y Petrie, T. (2017). Ámame Tinder: imagen corporal y funcionamiento psicosocial entre hombres y mujeres. Imagen corporal, 21, 34-38.

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El “Síndrome de Tinder”

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