Desde que comenzó la pandemia del COVID-19 he escuchado a mucha gente decir que ha tenido sueños extraños, angustiantes, difíciles de interpretar o que últimamente están “soñando mucho”.
Cuando pregunto de qué se tratan esos sueños, las respuestas son variadas, pero coinciden en una mezcla de extrañas situaciones o personas que se unen en un solo escenario, generalmente son sueños llenos de símbolos. También existen sueños que evidentemente se relacionan con lo que está sucediendo, que reflejan el miedo a enfermarse, que a alguien cercano le suceda o incluso a la muerte.

 

¿Por qué? 

 

Desde la psicología podría esbozar algunos planteamientos que intenten dar respuesta a esta pregunta:

 

1. Expresamos ansiedades y miedos a través de los sueños. Los sueños generalmente nos entregan información acerca de nuestro estado psicológico y emocional. Por tanto, es esperable que tras ver o leer noticias durante el día acerca de la pandemia, sumado al estrés de la cuarentena en casa, el miedo a perder el trabajo o incluso a un ser querido, el proceso de adaptación a las nuevas rutinas del hogar y el teletrabajo, nos encontremos más ansiosos que de costumbre. El hecho de no poder controlar nada de lo que está sucediendo y la incertidumbre de no saber cuándo acabará todo esto, acentúa la ansiedad. Estas emociones habitualmente se evitan durante el día, pero durante el sueño todos los controles disminuyen y es entonces cuando los miedos puede expresarse a través de los sueños.

 

2. Los sueños reflejan las experiencias a las que hemos prestado mayor atención. Cada día, nuestra atención es captada por las situaciones más significativas que vivimos, por lo que cuando estamos más tiempo en casa nuestras experiencias “llamativas” disminuyen y la estimulación es menor. Nuestra atención es captada por otro tipo de estímulos, como las conversaciones familiares, noticias, redes sociales, entre otras, que en la actualidad tienden a girar en torno al COVID-19. También tendemos a centrar más la atención en nosotros mismos y en nuestra emocionalidad. Un estado de ánimo más decaído puede inducir que soñemos más y con mayor carga emocional.

 

3. Los sueños ocurren en la etapa REM. La etapa REM del sueño se caracteriza porque en ella nuestro cerebro está muy activo, principalmente en las regiones de la memoria visual, motora, emocional y autobiográfica. También son menos activas las regiones involucradas en el pensamiento racional. Esto explica que durante la etapa REM se produzcan sueños más lúcidos, con más detalles pero muchas veces sin sentido. Algunas personas están sufriendo trastornos del sueño, por lo que o están durmiendo más, a horarios distintos o se ayudan de algún fármaco para dormir, lo que intensifica la etapa REM. Las personas que duermen más tienen más probabilidades de tener períodos de sueño más largos y más vívidos.

 

¿Qué podemos hacer? 

 

Es importante tener una adecuada higiene del sueño, es decir, fomentar ciertos hábitos que faciliten el buen dormir. El ciclo circadiano y nuestro reloj biológico sin duda se ven afectados por el estrés y el cambió de rutina, por lo que es importante ayudar a que nuestro reloj interno se sincronice nuevamente.
Debemos tratar que nuestro organismo diferencie claramente el día y la noche. Es recomendable mantener horarios más o menos fijos de despertar y dormir. Al despertar es importante que la luz natural nos active. A su vez, antes de dormir es fundamental generar un ambiente tranquilo, con luces bajas, sin estimulación digital. Es decir, no estimular el cerebro antes de dormir. Para ello, debemos apagar la televisión, el computador y el celular al menos media hora antes de acostarse. Esto porque el uso de pantallas puede inhibir la producción de melatonina, hormona encargada de regular el sueño, haciendo que exista mayor dificultad a la hora de dormirse, que el descanso sea menos profundo y que al día siguiente la sensación de cansancio sea mayor.
Además, es necesario potenciar estrategias de autocuidado, alimentarse adecuadamente, realizar alguna actividad deportiva o recreativa al menos tres horas por semana, dedicar momentos a algún pasatiempo o actividad placentera.
Finalmente, recomiendo realizar un “ayuno tecnológico”, es decir, regular la exposición a las redes sociales e idealmente apagar el celular por las noches y encenderlo solamente una vez se ha desayunado con tranquilidad. Incluso sería recomendable intentar pasar un día o el fin de semana completo sin encenderlo.


© Ps. Zayra Antúnez
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¿Sueñas mucho o tienes sueños extraños últimamente?

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